A veces la memoria y la nostalgia se aúnan y te juegan malas pasadas. Juegan al escondite, a enredarse y desenredarse, y una te sopla en la oreja mientras la otra te besa en la nariz. Y entonces ya no sabes qué es qué, cuánto es recuerdo, cuánto ocurrió y cuánto es deseo de que hubiera ocurrido.
Hubo un tiempo en que un golpe en la pared significaba “ven, quiero verte”, una taza de te se convertía en una fiesta y una litera era un universo, un tiempo en que la vida empezaba y terminaba en ambos extremos de una calle y donde la oscuridad siempre traía risas y momentos inesperados.
Hoy vuelvo la vista atrás y extraigo del todo lo importante, y de esto lo bueno, y de lo bueno lo que aun me conmueve. Y una vez todo desmenuzado vuelvo a empezar cuando descubro que aún puedo recrearme en aquellos momentos, en aquellos olores, en aquellos recuerdos... Y siento que se impone la memoria, que todo aquello existió, que no lo imaginé. Pero me mata la nostalgia.
Hubo un tiempo en que un golpe en la pared significaba “ven, quiero verte”, una taza de te se convertía en una fiesta y una litera era un universo, un tiempo en que la vida empezaba y terminaba en ambos extremos de una calle y donde la oscuridad siempre traía risas y momentos inesperados.
Hoy vuelvo la vista atrás y extraigo del todo lo importante, y de esto lo bueno, y de lo bueno lo que aun me conmueve. Y una vez todo desmenuzado vuelvo a empezar cuando descubro que aún puedo recrearme en aquellos momentos, en aquellos olores, en aquellos recuerdos... Y siento que se impone la memoria, que todo aquello existió, que no lo imaginé. Pero me mata la nostalgia.
